Ella día a día se levanta cada mañana a las 8 para ir al instituto. Se mira al espejo y se odia, se odia a más no poder. Se viste con su ropa, ropa que hace que su día vaya cogiendo color pero vuelve a los espejos y vuelve a sentirse la misma mierda de siempre. Echa la cabeza bocabajo y se moldea sus rizos. Segundos después se coloca sus dos horquillas que hacen que se le vaya el pelo de la cara. Sonríe ante el espejo pero sigue sin verse guapa. Corre a desayunar y se encuentra con sus padres. Buenos días.-dicen ellos. ¿Buenos días?-piensa ella aunque siempre responde con las mismas palabras que la despiertan sus padres. Se coloca su bufanda hasta la boca y se pone sus botas negras con los cordones desatados. Camina hacia el instituto con sus problemas en la cabeza, pensando en qué le ocurrirá en este día. ¿Lo insultos de siempre? ¿las inseguridades de todos los días? Llega allí y sus amigas le dicen que la sienten apagada. Ella sonríe y tan solo dice que está cansada. Ellas insisten: "Tú siempre desprendes alegría, ¿qué pasa?", pero ella también insiste y comienza a negar a su cabeza todo lo que le pasa, a engañarse a sí misma porque no tiene fuerzas para contar lo que le pasa.
Camina por las calles de aceras mojadas arrastrando sus pies por el suelo, tocándose la espalda en un gesto de dolor, se suelta la coleta que ésta se había hecho en clase de Matemáticas, suelta la mochila y se pone a correr. Corre y corre durante horas pero ella no se siente cansada. Divisa luz, libertad y color. Abre sus brazos, se siente libre y no puede evitar soltar una sonrisa sincera.
Pero por desgracia todo esto es un sueño. Un sueño que se repite día tras día mientras duerme, habla, canta, come, dibuja, sonríe, llora. Un sueño que ella sueña cumplir.
Y así pasan sus días. Sonriendo para evitar que la gente le pregunte que por qué está mal. Haciéndose la dura para lo mismo. Siendo borde a pesar de que ella no lo es. Llorando cuando nadie la ve.
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